Capítulo 2 · Lectura gratuita

Los Primeros Encuentros
Con Lo Inexplicable

Tres momentos de la infancia en que el mundo visible se dobló, y una voz silenciosa que llegó mucho antes que las palabras para nombrarla.

La premisa de este capítulo

Antes de que lleguen las palabras para nombrar lo invisible, lo invisible llega. Y una vez que llega, no se va.

Tres encuentros, contados con sencillez. Una voz a los seis años. Una sanación de la infancia que comenzó con un rito bajo la luna llena. Una lata de Coca Cola que rodó por un escritorio en una habitación cerrada y se desvaneció del espacio físico. No se les pide que se crean. Se les pide que se lean.

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Por qué existe este capítulo

El Capítulo 2 de El Viaje Comienza Adentro abre con una confesión, no con un argumento. Santiago Vitagliano admite, con desarmante franqueza, que lo que está por compartir sonará improbable. Lo dice él mismo, en la página, antes de que el lector tenga oportunidad de hacerlo. El efecto es estructural: al nombrar la resistencia con anticipación, el capítulo despeja las defensas habituales y pide sólo una cosa, que el lector siga leyendo.

Lo que sigue no es un tratado. Es testimonio. Tres episodios de la infancia y de la temprana adultez, escritos con el mismo tono sereno que sostiene el resto del libro, ninguno ofrecido como prueba, todos ofrecidos como el suelo del cual brota un camino contemplativo de toda una vida. Son la semilla. Todo lo que vendrá más adelante en el libro crece de allí.

El capítulo establece el contrato de la memoria entera: lo metafísico se trata con la misma seriedad que lo ordinario. Ninguno se exagera. Ninguno se suaviza. Ambos simplemente se describen.

Extracto · Del comienzo del Capítulo 2

Permíteme simplificarlo y confirmar que estoy loco, así que no necesitas cuestionar mi cordura. Ya lo he hecho por ti, de modo que no hay necesidad de resistirte a lo que estoy a punto de compartir. Con esta aclaración esencial despejada, te invito a abandonar todas las preconcepciones de lo que es realista y de lo que no lo es.

— El Viaje Comienza Adentro, Capítulo 2: Los Primeros Encuentros Con Lo Inexplicable

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La voz en Buenos Aires

El primer encuentro llega en un sombrío día de invierno en Buenos Aires. Santiago tiene seis años, mirando por la ventana de su habitación en el cuarto piso, en Belgrano. El apartamento está en silencio. Su madre está lejos, en la cocina. Y entonces, sin aviso, escucha una voz.

No es el constante monólogo interior que todos cargamos. Es otra cosa. El capítulo la describe como etérea, como una quietud con presencia adentro, como si se originara en un reino mucho más profundo del cual el niño aún no es consciente. Suena como un hombre mayor, lo cual es extraño para un niño de seis años. De una cosa está seguro: la voz no es la suya.

Lo que dice es breve, y permanecerá con él el resto de su vida. "Te dejaré solo ahora, pero volverás a encontrarme." Mira a su alrededor en la habitación vacía, recupera la compostura y pregunta lo único que un niño puede preguntar en ese momento: ¿quién eres? Como respuesta siente lo que solo puede describir como una presencia amorosa y una sensación de consuelo infinito. Sigue un intercambio telepático. La presencia le pregunta qué desea de esta vida. En la inocencia de su crianza católica, responde que quiere conocer y seguir a Jesucristo. La presencia consiente. Y luego se aleja.

Décadas más tarde, escribe, todavía no sabe qué era, cómo nombrarlo, ni qué implicaba el intercambio. Sólo sabe que ocurrió, y que todo en su vida desde entonces se ha desplegado dentro de la forma de aquella promesa silenciosa: volverás a encontrarme.

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La luna llena, el hormiguero, las verrugas

El segundo encuentro tiene lugar unos años más tarde, en la propiedad familiar de campo, una casa de cincuenta hectáreas que había estado en la familia durante tres generaciones. Santiago describe allí una infancia en armonía con la naturaleza, comunión con caballos y perros y con los árboles de más de cuarenta y cinco años que su bisabuelo Manuel había plantado soñando con un club de campo privado. También describe los bordes más duros: el acoso severo en la escuela, los métodos disciplinarios estrictos de sus padres, y la agitación interior que cargaba como niño sensible.

Es durante aquellos veranos cuando aparece un caso severo de verrugas, en el lado izquierdo del pie y en la mano derecha. Crecen lo suficiente para causarle dolor al caminar. Se intenta una extracción quirúrgica. El procedimiento sale según lo previsto. Las verrugas vuelven, en los mismos lugares, con mayor intensidad.

Sin saber qué hacer, la familia opta por un acercamiento psicosomático. Le cuentan una historia: frotar un pedazo de grasa de cerdo en cada verruga en una noche de luna llena, y enterrar luego ese pedazo en un hormiguero de hormigas rojas. Cuando las hormigas terminen de consumir la grasa, las verrugas desaparecerán. En el capítulo, Santiago describe el momento con la convicción plena de un niño. Realizó el rito. Vigiló las verrugas. En pocos días, de un día para otro, despertó y habían desaparecido.

El capítulo no presenta el evento como magia popular. Lo presenta como un temprano encuentro con lo que investigadores posteriores y maestros contemporáneos como el Dr. Joe Dispenza describen como el todavía no cartografiado territorio de la mente, la percepción, y la sanación propia. La creencia, en la mirada del capítulo, no es credulidad. Es participación.

4

La lata de Coca Cola en la habitación cerrada

El tercer encuentro ocurre en el segundo año de la facultad de ingeniería en Buenos Aires, donde Santiago estudia Física Newtoniana, justamente la materia que promete describir el mundo mediante leyes. Tiene el libro de física abierto. Acaba de terminar una Coca Cola. La lata está sobre el escritorio de vidrio, a su costado. La habitación está sellada: ventanas cerradas, puertas cerradas, sin aire acondicionado central como en EE. UU., ventilador apagado porque es otoño. No hay corrientes de aire.

Lo que presencia, escribe, lo presencia con claridad. La lata se ladea sobre el escritorio. Rueda sobre la superficie de vidrio. Se cae por el borde izquierdo. Su primer instinto es el racional: la habrá golpeado sin darse cuenta. Se levanta, busca la lata en el piso, y no encuentra nada. Pasa dos horas desarmando la habitación buscándola. La lata nunca aparece. Por toda la evidencia disponible, simplemente ha dejado el plano tridimensional en el que estaba descansando momentos antes.

El capítulo no insiste en qué fue el momento. Solo señala el contexto: ocurrió durante el mismo semestre en que se le enseñaba a Santiago que el universo se gobierna por las ecuaciones de Newton. El libro observa con suavidad que las únicas leyes que rigen esta dimensión son las que escribe nuestro Padre en el Cielo, y que esas leyes pueden, a Su voluntad, ser puestas a un lado en una sola tarde, en una sola habitación sellada, con una sola lata.

Extracto · La reflexión del autor

Quiero que te abras a la posibilidad de lo desconocido, entendiendo que hay fuerzas en esta realidad que aún no comprendemos ni captamos en su totalidad. La condición humana es un milagro. Todos somos mucho más de lo que parece a simple vista.

— El Viaje Comienza Adentro, Capítulo 2

Lo que encontrarás en este capítulo

  • La primera escucha de la voz del Espíritu, a los seis años, en una habitación silenciosa de Buenos Aires
  • El intercambio que silenciosamente fijó la dirección de una vida: una pregunta hecha a un niño, y la respuesta que él dio
  • Una sanación de la infancia que rodeó la medicina y se entregó a un rito bajo la luna llena
  • Una tarde en la facultad de ingeniería en que un objeto cruzó dimensiones en una habitación sellada
  • El argumento del autor para abrirse a la posibilidad de aquello que la ciencia actual aún no ha medido
  • El marco que prepara al lector para el resto del libro: testimonio, no teoría
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Lo que este capítulo prepara

El Capítulo 2 es la puerta. Todo lo que sigue en El Viaje Comienza Adentro, los encuentros en la adultez, las apariciones, las lecciones espirituales extraídas de años de experiencia metafísica, las observaciones contemplativas entrelazadas a lo largo de la memoria, reposa sobre el contrato que este capítulo establece.

El libro le pide al lector aceptar una premisa única: que aquello que se encuentra en la quietud, o en los bordes desprevenidos de la infancia, o en los instantes en que la realidad física momentáneamente decide no comportarse, no es menos real que el resto de la vida. Es, en cierto sentido, la parte de la vida sobre la cual se construye el resto.

La promesa del Espíritu del encuentro inicial, volverás a encontrarme, es lo que los capítulos restantes del libro cumplen. El Capítulo 2 es donde se hace. Se invita al lector a leer el resto como el despliegue de esa promesa.

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Santiago Vitagliano

Sobre el autor

Santiago Vitagliano

Santiago Vitagliano es fundador de The SAVI Ministries y autor de una biblioteca bilingüe sobre la vida interior. El Viaje Comienza Adentro es el primer libro de su catálogo contemplativo, escrito como registro de décadas de experiencia metafísica y de las enseñanzas espirituales extraídas de ellas. Más sobre Santiago →